Abre ventanas brevemente antes de iniciar capas y entre velas de carácter distinto. Limita sesiones continuas a tres o cuatro horas según el tamaño. Un charco de cera completo evita túneles y desperdicio. Apaga con apaga velas para no impregnar humo. Al respetar pausas, el olfato se resetea y percibe matices con mayor claridad, logrando superposiciones nítidas, respirables y más memorables tras cada pequeña renovación de aire.
Coloca velas separadas por al menos diez a quince centímetros para que las corrientes térmicas no deformen llamas. Nunca sobre superficies inestables. Mantén textiles, libros y cortinas alejados. Si combinas tres capas, enciende en orden de volatilidad y observa cinco minutos cada transición. Esa atención evita sobresaturación, previene accidentes y te permite afinar la orquesta aromática con precisión serena y disfrutable en compañía o soledad.
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